Benos Aires es una ciudad que le da la espalda al río. Desde el sentido común parece una locura que no haya conexión entre la metrópoli y su costa. Casi no vemos, ni percibimos la cercanía con el agua. En El Muelle, el restaurante ubicado en el histórico edifico del Club de los Pescadores, el río es tan protagonista como la propuesta gastronómica y por eso, el restó se ha convertido en un plan ideal para aquellos que buscan escaparse, aunque sea por un rato, del caos de la city porteña.

Bogos Pesca

María Juana (64) y Luis (67) son argentinos, pero hace 15 años viven en el estado de California, en los Estados Unidos. Llegaron a Buenos Aires para visitar a la madre de ella y como es costumbre siempre se hacen una escapada para comer en El Muelle. “Estaba recién hablando con mi hija y le dije que si quería ver el río de verdad tenía que venir a comer con nosotros acá. Le mandé una foto y está viniendo con mis nietos para almorzar. No hay muchos lugares así; Puerto Madero es otra cosa, más artificial. Este es un lugar especial que no conoce tanta gente”, relata María Juana mientras revisa la carta para elegir el plato que comerá este miércoles al mediodía. Su marido, quien se define como un fanático de los pescados y mariscos, ya eligió su plato. “Yo con una merluza soy feliz donde vivimos no se consigue”, enfatiza.

De fondo, el muelle de pescadores Fuente: LA NACION – Crédito: Hernán Zenteno

Normando (67) tenía que volar hoy a las 8.30 de la mañana a Jujuy, donde trabaja como abogado de la aduana provincial. Sin embargo, el vuelo se demoró y recién volará las 19.30 de la noche. Este pequeño traspié en su agenda del día se convirtió en la oportunidad perfecta para conocer el edificio de El Club de los Pescadores, que data de 1937 y fue construido como una réplica de un castillo belga. “Nunca encontraba el momento para venir y hoy era ideal. Estoy impactado con la infraestructura de todo el espacio porque combina lo antiguo con lo moderno. La vista del restaurante es impresionante y pienso volver en mi próximo viaje a Buenos Aires”, confiesa sentado en la galería del restó mientras se dispone a disfrutar un salmón rosado con papas.

Desde marzo de este año, El Muelle hizo un giro de 180 grados: la nueva concesión cambió por completo la fisonomía del lugar y renovó la propuesta gastronómica. Se dejaron atrás las antiguas mesas, boxes y sillas blancas para dar lugar a mobiliarios más modernos, que permiten no sólo sentarse a comer, sino también trabajar mirando el majestuoso Río de La Plata. Entre los platos que se ofrecen, se destacan el pulpo español grillado, el pacú y el atún rojo.

“Lo que se hizo fue pensar algo más visual, con ventanales más amplios y generando distintos espacios para ofrecer un servicio distinto, exclusivo y diferencial que cualquier otro lugar. Tenemos muchos clientes habituales que son ejecutivos de aerolíneas y vienen a comer, pero se quedan trabajando todo el día por eso pensamos acondicionar mejor los espacios para ese tipo de propósitos. Con respecto a la carta, decidimos conservar los platos clásicos como el arroz horneado con langostinos pero sumamos nuevas e interesantes platos como el atún rojo ecuatoriano o pulpo a la gallega”, relata Diego Maciel, gerente del restaurante.

En un día de sol la vista es muy linda Fuente: LA NACION – Crédito: Hernán Zenteno

Tanto el restó como el espacio para eventos se reacondicionaron cuidando la infraestructura del lugar. Por ejemplo, para restaurar las arañas de origen belga que iluminan el salón donde suelen hacerse fiestas se contrató al mismo personal que realizó trabajos de mantenimiento del Teatro Colón.

Gestionar un restaurante a orillas de agua también tiene sus dificultades y Maciel lo sabe. “Por supuesto que tenemos contratiempos propios del clima. Por ejemplo, ahora estamos ajustando el tema de internet porque con la sudestada del fin de semana el servicio funciona de manera intermitente. Otra de las cosas que pasan es que el viento continúo, con lluvia fuerte es difícil de controlar; no hay ventana que aguante así que un poco empieza a filtrar. Con tormentas fuertes, los vidrios tiemblan. Este año compramos un grupo electrógeno porque estamos acá un poco aislados aunque no parezca”.

Un trato diferencial

El club es uno de los pocos lugares de fácil acceso para ver el río Fuente: LA NACION – Crédito: Hernán Zenteno

Los socios del Club de los Pescadores saben lo pintoresco que es comer a orillas del Río de La Plata y por eso, a la hora de negociar la concesión del restaurante, no quisieron quedarse afuera de esta estupenda experiencia. Al interior del restó, hay un salón exclusivo para ellos donde no sólo tienen una carta preferencial con propuestas gastronómicas más variadas y económicas como matambre a la rusa, sino también pueden llevar su vino y hasta su propia comida. Además, como muchos pescan muy temprano, el restaurante tiene que abrir a las ocho de la mañana para ofrecer un desayuno en caso que un afiliado lo desee.

Con respecto al salón de eventos, El Club tiene prioridad para usufructuar el espacio. “Los socios tienen un poco la autoridad sobre el lugar, van bloqueando fechas y nosotros nos adaptamos”, puntualiza Mario Solarz, ejecutivo del salón de eventos.

El Club

El Club de los Pescadores se fundó en 1903 a partir de la iniciativa de un grupo de aficionados que decidió armar una precaria casilla en un viejo muelle, ubicado en lo que hoy sería una suerte de prolongación de la calle Ayacucho. En el siglo pasado, ese muelle era utilizado por empresas carboneras francesas para desembarcar sus productos en nuestro país y cargarlos directamente en los vagones del ferrocarril que se encontraba a metros de este espacio. Cuando los pescadores tomaron el lugar, la actividad había cesado.

Una belleza arquitectónica Fuente: LA NACION – Crédito: Hernán Zenteno

Durante años, los socios soportaron que fuertes vientos golpearan y deterioraran cada vez más su lugar de pesca. El 10 de agosto de 1905 una gran sudestada arrasó con el viejo muelle y se perdió la precaria casilla que habían construido. Tras varias idas y vueltas, los muchachos consiguieron que, en 1928, el entonces presidente Marcelo Torcuato de Alvear, firmase un decreto donde le otorgaba al club el permiso de construcción de un muelle y un edificio social en la Avenida Costanera Norte. Fue el ingeniero Julio Quartino, quien confeccionó los planos y llevó adelante las obras con una premisa: construir una joya arquitectónica para la ciudad de Buenos Aires.

El 28 de octubre de 1930 se inauguró el muelle de pesca. En ese entonces, la zona de lo que hoy conocemos como la Costanera era un terreno pantanoso e incomunicado con la ciudad por lo tanto los socios decidieron poner un servicio de colectivo desde Plaza Italia hasta el club para facilitar el acceso al recinto. Siete años más tarde y con la presencia del presidente de la Nación Agustín P. Justo, se abrieron las puertas del edificio del Club de los Pescadores.

Desde su inauguración hasta el día de hoy, pasó de todo. En 1939, la agencia Reuters instaló una antena en la torre del edificio para poner en marcha una estación de recepción de noticias desde el exterior hacia la Argentina. “El Club fue el primer lugar del país donde se supo que la Segunda Guerra Mundial había finalizado. El chico que trabajaba en la torre recibió la noticia del fin de la guerra y al no poder comunicarse con la oficina de la agencia que estaba en el centro porteño, bajó las escaleras y utilizó nuestro teléfono para notificar a la central y ahí todos los socios se enteraron”, relata Luis Spandonari, vicepresidente actual del Club de los Pescadores.

En 1991, se promulgó la ley 24.301que le otorgó la concesión por 99 años al Club de los Pescadores del espacio donde se encuentra el histórico edificio. En 2001, la infraestructura fue declarada Monumento Histórico Nacional.

Con el gobierno porteño tienen una larga historia de amor y odio. Desde hace años que los diferentes jefes de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires – desde Aníbal Ibarra hasta el mismísimo Mauricio Macri – veían que la zona donde se encontraba ubicado el edificio podía ser explotada de otra forma. Después de arduas negociaciones, las autoridades del club cedieron, en 2009, 50 metros de terreno para que el gobierno pudiera ampliar la Costanera a cambio de que les construyeran una playa de estacionamiento exclusiva para socios y extendieran 100 metros más el muelle del club. En 2010, se inauguraron dichas obras.

Dirección: Av. Costanera y Av. Sarmiento.

Días y horarios: lunes a sábados de 8 a 1 AM. Domingos: 8 a 16.30

Por: Lila Bendersky

Si queres podes unirte y publicar tus salidas de pesca en https://www.facebook.com/groups/646608752084290

Fuente: www.lanacion.com.ar