Con la limpieza de parte del espejo de agua y la llegada de la primavera, los pescadores ganan terreno. Aseguran que tienen pique

Vengo casi todas las mañanas a partir de las siete, soy el primero en llegar. Estos días tuve suerte: saqué varias tarariras de más de tres kilos. Pero en general siempre algún pique hay”, cuenta ante El Diario Sur Miguel Ángel González, un vecino de Alejandro Korn de 67 años que prueba suerte con la caña en la laguna de San Vicente y, al menos en esta primavera, suele tener éxito con las tarariras y algunas carpas.

La llegada de los días de sol con temperaturas altas le devolvieron al espejo de agua sanvicentino una de sus postales: la de los pescadores que pasan largas horas junto a la orilla por las tardes y por las mañanas. Los aficionados habían quedado con pocas chances en las temporadas de verano de los últimos cuatro años, porque la laguna llegó a estar completamente tapada por la especie invasiva de plantas acuáticas jacintos del agua. Pero las tareas de limpieza que encabezó el municipio hicieron que reaparezcan los claros, y allí es donde se asientan los pescadores.

En rigor, en los últimos días se reprodujeron de forma notable los “repollitos” –la vegetación que históricamente puebla la laguna- pero todavía hay sectores en los que los pescadores tienen el agua liberada, por ejemplo cerca de la compuerta o del espacio de avistaje de aves.

“Yo había dejado de venir porque con las otras plantas las líneas se enredaban mucho. Los repollitos no tienen tanta raíz, así que joden menos”, asegura González.

Jorge Martínez, un vecino de Longchamps que también aprovecha las mañanas para pescar, agrega que en gran medida la pesca en San Vicente depende del viento. “A veces los repollitos se acumulan todos contra la orilla y no hay lugar donde tirar la caña. Se juntan muchos pescadores en un mismo espacio y no se puede”, dice.

Los aficionados coinciden. La especie que más probablemente se puede sacar con “cañas grandes” es la tararira, también conocida como tarucha, que suele encontrarse con un peso promedio superior al kilo, y que se puede comer frita o al horno.

También hay dientudos, algunos bagres y, en menor medida, carpas. Además, existen varias “tortugas de laguna”. “Muchas veces se enganchan a las líneas, y las devolvemos. No se pueden comer”, comenta Miguel Ángel González

Los memoriosos recuerdan que una década atrás la municipalidad intentó sembrar pejerreyes que habían sido traídos desde Chascomús, pero no “prendieron”.

La laguna de San Vicente está rodeada por un área de reserva ecológica de 132 hectáreas, en las que hay unas 160 especies de animales, de las cuales 120 son aves según detallaron a El Diario Sur desde el área de Medioambiente del Municipio. El espejo de agua es afluente del arroyo San Vicente, que desemboca en el Río Samborombón.

Entre la fauna se destacan algunos carpinchos (una pareja se instaló en el sector de avistaje de aves hace unos años y tuvo cría), lagartos overos, chajás, cigüeñas, patos y garzas. “Notamos que ha ido aumentando el número de especies y la cantidad de individuos. Eso remarca la importancia de tener este área protegida”, había comentado el guardaparques local José Rodríguez.

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Fuente: www.eldiariosur.com/