Los amantes de la pesca deportiva, pueden encontrar en la zona de San Pedro, lagunas, distintos cursos y canales del rio Parana, la exhuberancia del Delta y belleza del litoral para desarrollar la actividad, con una infinidad de servicios a disposición. San Pedro es reconocido tambien como el santo de los pescadores y esta ciudad hace honor a su nombre.
La pesca en San Pedro se mantiene durante todo el año, pero en primavera y verano aparecen el dorado, la tararira y algún que otro cachorro para alegría de los aficionados. Las aguas claras, que provienen de los campos, bajan muy limpias y son ideales también durante el estío para probar con señuelos y cucharas.
Los peces de piel pican durante todo el año, mientras que en el invierno hacen su aparición los pejerreyes durante un período limitado. El pejerrey es el pez que más entusiasma a los pescadores deportivos, por dos razones principales: es una pesca fina donde quien más lo conoce más lo pesca, y para ello existe una gran variedad de carnadas y accesorios. La segunda razón es el delicado sabor de su carne.
Ya en plena primavera se sale en busca de la variada, que realmente alcanza muy buenos portes y excelentes cantidades.
Al norte, atravesando laguna de San Pedro para ingresar, después del Arenal, en la laguna del Barco Hundido , es un sector de aguas bajas y poca correntada, ideal para probar con equipos Iivianos y carnadas naturales. Donde se puede capturar algunos bagres moteados (similares a los amarillos, pero con algunas manchas oscuras laterales).
En ciertos lugares el “gran río” acaricia recónditas profundidades que superan los treinta metros. Las delatan los remolinos que se encuentran, por ejemplo, cerca de la costa entrerriana en la boca de El Cavao , una laguna muy rendidora desde fines de primavera, en cuya desembocadura los cardúmenes de manduvás, dorados y chafalotes aguardan la salida de forrajeros. En aguas abajo en veriles muy marcados donde pican moncholos, patíes, bagres amarillos (de más de un kilo), armados chancho y hasta unas buenas corridas de bogas que auguran una temporada magnífica para esta especie. Casi frente de la entrada a la ciudad, la laguna La Brava brinda satisfacciones, tanto en sus juncales interiores como en los remansos de afuera. El ingreso a este espejo, como el recorrido por los demás parajes, requiere de la presencia de un baqueano por las continuas modificaciones que sufre el curso: bocas que se tapan y otras que se abren, nuevos bancos de arena, árboles caídos y otros obstáculos.