Tucumán

Cada vez son más los cazadores y pescadores que por no cumplir las normas están acabando con la fauna en los montes y en los ríos. La Policía, que cumple esta tarea desde hace 20 años, está sobrepasada. El testimonio de deportistas y el malestar de entidades.

UN DESASTRE. Decenas de dorados y sábalos fueron capturados con redes y luego colgados en un quincho en Leales.

Algunos lo hacen para entretenerse, otros ya lo adoptaron como deporte. Pero también hay pescadores y cazadores que por su accionar, por la falta de controles, ponen en jaque a los recursos naturales de la provincia. “Los tucumanos no estamos cuidando. Eso no es nada más que hipotecar el futuro de nuestros hijos”, se queja amargamente Enzo Herrera, un hombre que se dedica a la caza y a la pesca.

La tala indiscriminada, la extracción de áridos sin autorización y la contaminación, son los otros delitos que se cometen y que prácticamente son desconocidos por los habitantes de esta tierra. “Es un problema serio porque muy pocos respetan las normas de protección del medio ambiente. Las leyes vigentes son bastantes blandas. Los infractores son castigados con una multa económica. En otros países y en algunas provincias se castigan con cárcel”, agrega Herrera en una charla con LA GACETA.

El problema de los delitos ecológicos se incrementó desde que el Gobierno de Ramón Ortega en los 90 decidió quitarle el poder de Policía a la Dirección de Recursos Naturales.

Los guardapescas y guardafaunas desaparecieron de un plumazo y le abrieron las puertas a los furtivos para que hicieran lo que quisieran. Esos hombres, que conocían como nadie los lugares donde estaban designados, además de detectar cualquier movimiento extraño, se dedicaban a custodiar que se cumpliera con las vedas y los reglamentos vigentes.

Fueron reemplazados por unos 100 policías que forman parte de la División Delitos Rurales. El número de efectivo es ínfimo si se tiene en cuenta que estos hombres son los que deberían cuidar a la fauna de toda nuestra provincia. Además, no cuentan con los recursos necesarios para cumplir con esta tarea. Por ejemplo, una embarcación que les permita perseguir a los hombres que con sus redes limpian ríos y lagos.
Bogos Pesca
Las autoridades reconocen que perseguir a los que atentan contra los recursos no es sencillo. “A los cazadores hay que salir a buscarlos porque se esconden y se mueven sigilosos para no ser descubiertos por los animales. Lo mismo pasa con los pescadores. No es fácil encontrarlos”, reconoció el comisario Javier Alderete, jefe de la división Delitos Rurales N°1.

Esa área de la Policía, que está dirigida a nivel provincial por el comisario Marcelo Godoy, trata de tener controlados a los infractores rurales. Y en esta época en particular el trabajo se vuelve más intenso para los policías de la división ya que durante el verano están prohibidas la caza y la pesca porque están en pleno ciclo de reproducción. Sin embargo, no todos lo respetan y las consecuencias ya comienzan a verse.

Alderete explicó que existen tres especies terrestres en riesgo de reproducción: la corzuela, el pecarí o chancho del monte y la pava roja. En Tucumán está prohibido cazarlas, pero eso no siempre se respeta. En cuanto a los peces, los tucumanos siguen sacrificando dorados y aniquilando sábalos con redes y otras técnicas que están prohibidas.

Malestar

“La corzuela es la especie que peor la está pasando. Por un lado, estos animales sufren porque cada vez hay menos monte por la tala indiscriminada y después porque los cazadores no le dan respiro. En toda la región está protegida, pero muy pocos respetan esas normas. Hace un par de años, se veía a personas traer cajas con vizcachas en camionetas de Loreto. Hoy no hay una. Eso es lo que sucede por la falta de controles”, explicó Fernando Vidal, conocido cazador de la provincia.

En Tucumán existen cuatro clubes de pesca que reúnen a más de 3.000 deportistas. Las tres entidades desde hace bastante tiempo vienen pidiendo para que se intensifiquen los controles. También reclamaron que Flora y Fauna se encargue de los controles, ya que la Policía tiene en estos momentos otras prioridades.

“La situación es tremenda. Año a año se incrementa el problema ante la pasividad de las autoridades que no demuestran interés por tratar de implementar acciones tendientes a ejercer un control que permita tener un poco de esperanza en el futuro de nuestros ambientes”, aseguró Carlos Nieva, del club Caza y Pesca de la UNT.

Fernando Saba, vicepresidente del club Tucumán Pesca y Regatas, se mostró preocupado también por el manejo de los recursos hídricos. “El Cadillal, que es un paraíso que está muy cerca de la ciudad, está agonizando por la falta de agua. A eso le debemos sumar que los rederos aniquilaron la población de pejerreyes. Lo más grave del caso es que el Estado gastó importantes recursos económicos y humanos para recuperarlo y ahora su presente es tristísimo. Espero que nos escuchen antes que sea tarde”, pidió.

Gustavo Figueroa, presidente del club Pesca y Náutica de Concepción, reniega de la decidia del Estado para hacer tareas de control. “Tanto en la contaminación industrial de nuestros ríos como en la prevención y detección de furtivos, las entidades reclamamos en más de una oportunidad a las autoridades, pero siempre hicieron oídos sordos a nuestras denuncias y ofrecimientos de colaboración. La pesca deportiva es una fuente inagotable de turismo y fuentes de trabajo. Hay que seguir peleando para que nos escuchen de una vez por todas”, concluyó.

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Fuente: www.lagaceta.com.ar